Miles de velas iluminaban un cuerpo
¿O era el cuerpo quién iluminaba a las velas?
Incandescentes rayos de luz que bailaban sobre tus labios,
Labios que se movían con sensualidad, acompañando cada beso con una ola de escalofríos, capaz de dar calor a mi cuerpo.
La negra cortina de tu pelo cubría tus ojos, como la espuma cubre la arena de la playa, cuando la hola decide desvanecerse al llegar a la tierra, y ahí estaban tus ojos color tierra. Ojos que llaman a imaginarse como sería el primer color del mundo, la corteza de los árboles, serenos, quietos, esperando a algún valiente capaz de trepar por ellos y llegar a lo más profundo de ti.
Fue amor sin gritos, fue amor de caricias, de suaves gemidos, de música dulce y tranquila, del vaivén del mundo, del trote del infinito hasta el éxtasis. Éxtasis que parió relax para acompañar al sueño, un sueño breve.
Desperté rodeado de guerra, tu cuerpo dulce pedía más amor, un poco de salvaje un poco de princesa. Una princesa salvaje que me pedía cabalgar la vida.
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