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domingo, 19 de mayo de 2013

Cuento de (fac)hadas

Es una paradoja que me acuses de ser frío e inexpresivo
cuando me desangro en cada hoja cortándome con su filo.
Y si sangro esta noche, sangro sentimientos y lágrimas.
Pero si lloro, lloro promesas y más promesas.

Promesas que prometo y en las que no confías,
porque prometo demasiado y aún más mentías.
Promesas que te escribo y no quieres leer,
porque escribo demasiadas e imposibles de creer.

Pero yo quiero cumplir promesas y escribir poemas,
no quiero matar al malo, para rescatar a la princesa.
Porque eso se llamaría suicido.

Mitad héroes mitad villanos.
Príncipes que van de farol y magos sin más trucos.
Donde hasta el más cabrón entiende a la princesa,
y todos son alérgicos a la verdad.

En este cuento la princesa no sueña hasta el beso,
en este cuento se despierta del sueño
cuando se pincha con la verdad,
y por muchos poemas y muchos versos
es una princesa insomne.
Demasiado fría y demasiado caliente.

El príncipe demasiado gordo
y que intentó volar demasiado.
Que viene del beso que le dio a un sapo
un borracho desposado.

Y quienes serían los reyes,
de un reino de mantas y sofá,
no son reyes ni de un trono de sinceridad.

Pero el príncipe es el príncipe,
mitad poeta mitad capullo,
con armadura de ganas
y espada de sueños.

Va a conseguirlo.
Sin narradores ni músicos,
sin dragones muertos,
sin poemas épicos.

Lo escribirá Futuro, y si no, que se lo lleve la Marea y se muera.





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