Pero unas gotas de lluvia me están manchando las ventanas.
O quizás sean mis amantes, las estrellas, lanzando sus propias piedras contra mis cristales para que las abra y puedan pasar.
¡Qué tontería!.
Ni que fueran americanas.
Sea lo que sean. No puedo dormir.
Y por eso, me giro hacia tu lado de la cama e intento besar a tu vacío, pero no se deja.
¡ Fíjate hasta tu vacío se parece a ti!.
Ocupo tu vacío y casi hacemos el amor.
Pero como no tengo que moverme esta noche aprovecho para mirar por la ventana.
Y ese maldito cristal que evoca a Londres, a Praga y a Vancouver.
Y no sé por qué me inspira a un humo que se releva contra la gravedad.
Que sube
y
sube desde su taza de café
(quizás robada de alguna multinacional del sector de esas pequeñas semillas).
O quizás sea de té.
(Depende de lo modernos que nos sintamos ese día).
Y no sé qué coño hace ese sofá sueco en mi habitación de pronto, y menos aún entiendo qué haces leyendo un libro en inglés mientras das pequeños sorbos y te quejas de que quema (sin apartar la mirada de las letras, por supuesto, no vayan a escaparse).
Maldito moño.
Maldito forro polar.
Maldita manta.
Malditas tus uñas de colores.
¿Por qué eres tan preciosa?
¿Por qué te vale solo con maquillarte a base de putos detalles?
Y Mónica, si has llegado hasta aquí espero que sea con una sonrisa.
Porque es lo menos poético que he escrito nunca.
Pero ahora mismo lloro.
Y creo que es lo más sentido que he dicho.
Te amo.
Nunca lo olvides.
Y a todo esto, ella responde...
''Nunca me cansaré de leer lo increíble que eres y de llorar a lágrima fría todo lo que me haces sentir. Siempre has sido mágico escribiéndome. Muchas gracias...''

No hay comentarios :
Publicar un comentario