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domingo, 26 de enero de 2014

Miedo

Miedo estúpido.
Miedo infantil.

No el miedo que siente un niño sirio cuando escucha el sonido de un pájaro de hierro al volar.

Es más bien el tipo de miedo que que le tiene una página en blanco a mi pluma.
El miedo de una virgen a ser profanada en vano.

Miedo a perderte sin haberte tenido.
Miedo a tu huida, a quedarme con ganas de conocer tus defectos personales.
a no cumplir ni el sueño de rompernos.

Miedo a la supremacía de tu cuerpo sobre la oscuridad.
Miedo a quedarme (más) solo,
al rechazo,
a hacerte daño.

Que no soy valiente.
No soy Gandhi, ni Juana de Arco.

Te vayas o me vaya.
Te quedes o me quede.
Adivina, oh claro, tengo miedo.

Miedo a que todo quede en nada,
a que nada quede en todo.

Miedo a no poder jugar más en la nieve,
a no deslizarme más por tu cuerpo,
ni a ser travieso por tu cuello.

Miedo a no más "me gustas" en el cuello.
Miedo a no más "Me gusta" en Facebook
por mis estúpidos poemas.

Miedo a no más amaneceres de tus sonrisas.
Miedo a no más despertares de tus mejillas.

Miedo de lo que viene, de lo que va.
Miedo al recuerdo, miedo al olvido.
Miedo a la vida. Miedo a la muerte.

Miedo a  no leer
los Cuentos de Miedo de Edgar Allan Poe
juntos.





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