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domingo, 12 de enero de 2014

León de Papel

Entre toda la selva de libros
que puede crearse en una biblioteca
hay una manada de páginas
reinada por el Gran León.

Un León de Papel.


Un león que descansa plácidamente
en las praderas blancas de sus páginas.
Un animal tan puro, tan mágico
que no necesita cazar, solo bostezar.

Un bostezo que es un agujero negro para el sonido,
un huracán para los miedos, y un tsunami para las dudas.

Un mamífero que nació entre comas y puntos,
entre líneas aprendió a leer y a escribir.
Un ser vivo tan muerto como el tiempo,
tan rápido como la muerte.

En su ecosistema no hay cobijo
para más machos.
Muerde, vive y folla a su antojo.
Ama el negro, gris y blanco,
y por supuesto, odia el azul y el rojo.


De entre todas las manos
que intentaron atrapar su esencia
el animal solo es fiel a las albinas.

Y así vive el león,
preso de la nieve de tu piel.
En la cárcel de tus aludes.
En las mazmorras de tu azules.

Un cazador que prefiere ser presa,
un semental que prefiere ser fiel,
una páginas que prefieres ser piel,
una voz que prefiere ser letra.

De madrugada enamora
y de día sueña.
Con el sol truena
y con la luna vuela.


El carnívoro viaja de los libros,
a tus manos.

De tus manos, 
                     a tus piernas.

De tus piernas. Entre ellas.

El león es menos rey,
más republicano.
El rey no quiere coronas,
quiere tus tetas. Y sí, en su boca.








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